Formación básica del voluntariado


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LO QUE HAY QUE SABER DEL VOLUNTARIADO

 

 

El voluntariado moderno

La evolución experimentada en las acciones solidarias va desde las iniciativas individuales, estrechamente ligadas a valores propios de la condición humana, hasta una intervención con mayor amplitud de miras. Desde la concepción del voluntariado moderno, se trata de actuar trascendiendo la inmediatez de las situaciones, analizar las causas de los problemas e indagar las posibles soluciones. Además no se hace a título individual sino organizadamente, de acuerdo a un plan de intervención que utiliza técnicas que complementen la buena voluntad y disponibilidad de los voluntarios. Por lo tanto ya no son actuaciones pasajeras, aisladas, individuales e inmediatas sino intervenciones estables, integradas en un plan de actuación organizado, llevadas a cabo en equipo y que trascienden la fugacidad del momento presente.

Como dice la definición  de Cáritas-Tavazza, la actuación del voluntario "no se agota en la intervención sino que tiende a erradicar o modificar las causas de la necesidad y de la marginación social".

De ahí que la actuación del voluntario tenga una proyección de futuro, porque no se queda en la solución inmediata de los problemas -como sucede con la beneficencia-, sino que, al buscar las causas de los mismos,

  • apunta soluciones,

  • denuncia pacíficamente las injusticias que padecen los grupos o personas desfavorecidas,

  • detecta nuevas necesidades,

  • promueve la solidaridad,

  • articula las iniciativas individuales y grupales hacia intereses colectivos...

Los voluntarios comparten experiencias entre sí y las distintas entidades colaboran en programas de solidaridad conjuntos y difunden la filosofía del voluntariado para el bienestar de los ciudadanos... Con todo ello, estamos en condiciones de marcar ciertas diferencias entre la acción individual y el voluntariado moderno.

  • Con las actuaciones a título individual es evidente que el sujeto que lo hace por una sana motivación de ayudar a otros, realiza un bien social y esto le supone un crecimiento personal a él mismo.

  • Pero la acción voluntaria organizada, además  de lo anterior, produce un dinamismo social aglutinador de energías, en movimientos de concentración (de información,  recursos, ideas...) y de expansión (de proyectos, soluciones, alternativas...) que articulan el tejido social con eficiencia, sin duplicidades ni actuaciones en paralelo, en colaboración con otros agentes sociales y con métodos de participación democrática en su dinámica interna: tanto en su forma de organización y autogobierno, como en el estudio de problemas, toma de decisiones, elaboración de proyectos, y en el seguimiento y evaluación de los mismos.

En definitiva, el voluntariado moderno es una punta de lanza, fuente de progreso social, impulsor de valores positivos y agente indiscutible de desarrollo comunitario.

 

Acción social y voluntariado

El impulso que hace que el voluntariado se ponga en marcha no está muy lejano de las fuentes de la acción social, entendida ésta como el conjunto de actuaciones de grupos organizados,  tendentes a erradicar las situaciones de necesidad y a buscar nuevas alternativas que favorezcan el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos.

La primera idea subyacente en el párrafo anterior es de inquietud o conciencia social, en el sentido de sensibilidad social hacia las situaciones de los conciudadanos. Se parte de la base de que esas situaciones son susceptibles de mejora, bien en el sentido de salir de situaciones empobrecidas, marginadas, injustas, etc. o entendido como un dinamismo de mejora sobre situaciones medianamente aceptables en relación con el nivel medio de calidad de vida del momento. En cualquier caso no son otra cosa que dinamismos de crecimiento social.

En definitiva, el sujeto con sensibilidad por la acción social, voluntario, es una persona inconformista, creativa, convencida de las posibilidades de crecimiento de las personas y de los grupos en armoniosa convivencia social... es decir, personas con altas dosis de utopía que pretenden hacer realidad, en la medida de sus posibilidades, en el mundo y la sociedad que les ha tocado vivir. Gente no satisfecha, pero con una insatisfacción distinta del pesimismo, porque creen profundamente que la sociedad es mejorable.

Toda esta fuente de motivación les impide permanecer pasivos. Más bien, la tensión que generan sus expectativas les impulsa a participar en la erradicación de esos desajustes sociales, como único camino para construir una sociedad más sana. Por tanto, con sus acciones no hacen otra cosa que dar vida a su actitud y a la intención, no siempre consciente, de colaborar, aunque sea como un pequeño grano de arena en el desierto, para que su presencia en el mundo contribuya a dejarlo un poco mejor de como lo encontraron.

 

Por una definición del voluntariado moderno

Años atrás, la primera connotación que para muchas personas sugería la palabra "voluntario", era la relacionada con el joven que, voluntariamente, decidía irse al servicio militar antes de ser llamado a filas. Evidentemente, esto nada tiene que ver con la acepción que nosotros le damos. Únicamente lo traemos aquí como exponente de la rápida difusión de los movimientos voluntarios en nuestra sociedad, acontecidos en los últimos años.

Este giro ha sido significativo, no sólo porque la actitud de los jóvenes ante el servicio militar haya cambiado de dirección, o por el final de la obligatoriedad del mismo, sino por el importante crecimiento de los movimientos y asociaciones de voluntariado en cuya expansión creemos han tenido mucho que ver los medios de comunicación social en el cumplimiento de su labor informativa, al hilo de determinados eventos de alcance internacional. Sólo citaremos dos de los ejemplos más conocidos.

  • En primer lugar, la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 constituyó un primer e importante impulso a ese cambio de idea. La población, todavía desconocedora del término "voluntario" en el sentido que aquí le damos, comenzó a hacerse una idea poco profunda, si se quiere, pero muy cercana al núcleo fundamental de lo que supone el voluntariado. Las imágenes de jóvenes dinámicos, entusiastas, uniformados, organizados con una misión concreta en el desarrollo de los Juegos, contribuyó a formar ese concepto bien encaminado, en un ámbito distinto de lo que había constituido tradicionalmente el prototipo de las actuaciones voluntarias, los servicios socio sanitarios.

  • Por otra parte, las movilizaciones solidarias con motivo de la campaña para conseguir que los países ricos compartieran el 0,7 de P.I.B. con los países del Sur, aunque en una dimensión muy distinta, por las connotaciones económicas del tema, supuso también un fuerte impulso de sensibilización por la solidaridad.

Si a esto añadimos las razones aportadas más arriba acerca de la sensibilidad social, política, etc. hacia el tema, comprenderemos dos cosas.

En primer lugar una vivencia más consciente y cercana del dinamismo de participación ciudadana en el voluntariado. En segundo lugar, cierta confusión de ideas en personas que no han captado el concepto nuclear de gratuidad propio del voluntariado. Por tanto, se  hace imprescindible aclarar los términos básicos que den lugar a una definición del concepto de voluntariado.

La definición del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, aunque menos disparatada que la relacionada con lo militar, sigue prestándose a confusión cuando define al voluntario como "la persona que entre varias obligadas a ejecutar algún trabajo o servicio, se presta a hacerlo por propia voluntad". La verdad es que no sólo no dice nada, sino que confunde, porque la acción voluntaria no se deriva de ninguna obligación de quien la realiza.

Desde siempre han existido personas que, fuera de los límites de toda relación comercial, han realizado acciones de socorro, ayuda ocasional, apoyo, etc. con sus semejantes, ya sean familiares, amigos, vecinos u otros, de forma desinteresada. Sin embargo, aunque sean actitudes dignas de todo elogio, no podemos decir todavía que eso sea el voluntariado.

Incluso la conducta de personas que, movidas por sus creencias religiosas y en función de sus imperativos morales, se sienten impulsadas a realizar acciones sociales, no se pueden considerar voluntarias si su intervención sólo pretende resolver problemas inmediatos, sin buscar la solución en las raíces de los mismos.

Existen muchas definiciones de voluntariado. Unas acentúan unos aspectos y otras ponen el énfasis en otros, pero de entre todas las definiciones consultadas traemos aquí la definición de Tabaza que, aunque ya clásica, sigue resultando probablemente la más completa, clara y convincente que dice que

"es voluntario todo aquel que,

  • además de sus propios deberes profesionales y de su estatus,

  • dedica parte de su tiempo,

  • de manera continuada, desinteresada y responsable,

  • no en favor de sí mismo o de sus asociados (a diferencia del asociacionismo),

  • sino en favor de los demás o de intereses sociales colectivos,

  • según un proyecto de intervención

  • que no se agota en la intervención misma (a diferencia de la beneficencia), sino que tiende a erradicar o modificar las causas de la necesidad y de la marginación social". (Tavazza).

 

Identidad, naturaleza y sentido último del voluntariado

           Definiciones aparte, hay mucha gente que se pregunta cual es la esencia del voluntariado, aquello que lo distingue de otras actuaciones, su papel fundamental en la sociedad, lo que da carta de naturaleza, aquello en lo que adquiere su verdadero sentido, independientemente de las circunstancias del momento y de las actuaciones que realicen los voluntarios. ¿Es la denuncia de las injusticias, o se trata de llegar a las realidades donde el Estado no puede llegar? ¿Hay que trabajar con los marginados, o también se puede ser voluntario en colectivos normalizados? ¿Qué implicaciones políticas tiene la acción voluntaria? ¿La importancia está en lo que se hace o en los fines que se pretenden conseguir con las actuaciones? ¿Tiene algo que ver el voluntariado con el empleo? No son éstas las únicas preguntas. Por ello nos parece oportuno dedicar unas líneas a esta cuestión nuclear del sentido último del voluntariado.

            Aún cuando el Estado tuviera la posibilidad de asegurar la suficiencia en la satisfacción de todas las necesidades materiales que los ciudadanos puedan presentar, en el supuesto de que hubiera superávit de profesionales para afrontar los problemas de las personas, en el hipotético caso de una sociedad con la organización suficiente como para que los recursos llegaran a todos y no hubiera desfavorecidos, el voluntariado seguiría teniendo sentido, porque su núcleo no está en la búsqueda de bienes... sino en la humanización de realidades y entornos donde se encuentren.

El sentido último del voluntariado no es político ni económico, ni religioso, ni siquiera una alternativa a las carencias del Estado. Es posible un voluntariado asistencial y un voluntariado de defensa de los derechos humanos, y de los valores cívicos, y del pacifismo y de la ecología... El auténtico papel del voluntariado consiste en hacer más humana la existencia, más vivible la vida, el voluntario sólo necesita tener conocimientos previos en áreas determinadas en algunos servicios, para los demás, los voluntarios no necesitan ser especialista en nada, excepto en humanidad. Por eso estará siempre vigente, porque en cualquier lugar y en cualquier momento donde haya personas, la vida será susceptible de ser más humana.

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