¿NO HAY NADA

QUE HACER?


A menudo, después de nuestros cursos y debates se nos pregunta: ¿Qué hay que hacer? Los recetarios son extraordinariamente peligrosos: pueden matar la "mística", convertirse en "practicones"... y dejar tranquilo nuestro espíritu pequeño burgués...

¡Y hemos hecho un recetario! E incluso más, nos hemos atrevido a subtitularlo: "a la escucha del Espíritu". Al enviarlo a imprenta nos queda la pregunta: El Espíritu ¿no nos sugeriría una actitud más honda, más de raíz, más contemplativa, una capacidad de ver la presencia de Cristo en el pobre y sufriente..., una valoración directamente espiritual de las cosas? Es decir, el Espíritu ¿no sugeriría un talante más revolucionario?

El Cuaderno se queda en una oferta amplia de propuestas. El lector sabrá escoger las que más le convengan y, sobretodo, a la escucha del Espíritu, encontrará otras más pertinentes.

Aparte de los artículos de prensa reproducidos, que ya llevan la cita de su autor, han aportado materiales para la actual redacción: David Guindulain, Norberto Alcover, Tere Iribarren, Neus Forcano, Hèctor Vall, Immanol Zubero, Justícia i Pau de Barcelona, Jesús M. Alemany y Maria Jansà. Los responsables de la redacción definitiva han sido José I. González Faus, Tere Florensa y Francesc Riera.


INTRODUCCIÓN

Hemos oído contar que, en la antigua URSS, tras la caída del sistema de planificación central, la gente estaba incapacitada para crear riqueza y tomar iniciatas ante su crisis, porque no sabían qué hacer: estaban tan acostumbrados a que se lo dieran todo hecho y reglamentado hasta el mínimo, que habían perdido la capacidad de iniciativa. Como siempre, los únicos que conservaron algo de esa iniciativa eran los que el evangelio llama "hijos de las tinieblas", y de quienes dice que suelen ser más sagaces que los hijos de la luz.

Debemos preguntar con valentía si no nos ocurre algo de eso también en la iglesia católica actual, por lo que toca a la creatividad del Espíritu. El católico piadoso tal vez pueda haberse acostumbrado a que le den las cosas hechas: ir a misa los domingos, no comer carne algún viernes de cuaresma, destinar a la Iglesia el 0'5% de sus impuestos... A menudo si se nos saca de ahí no sabemos bien qué más hacer. Y eso que cualquier cristiano cree que Jesús anunció una alternativa a esta configuración del mundo (el Reino de Dios) y la necesidad de abrirse a esa alternativa. Es frecuente que muchos católicos piadosos cuando oímos o leemos una crítica impactante sobre la situación y la injusticia del mundo, reaccionemos con una pregunta: ¿qué tenemos que hacer? ¿qué es lo que se nos manda? Tal vez tendríamos que reconocer que a menos que se nos de una ley, seguiremos "conformándonos a la imagen de este mundo" (Rom 12,2).

Comparemos esta situación con la anécdota siguiente: cuando Gandhi estaba por segunda vez en Sudáfrica, se hallaba todavía en pleno proceso de maduración espiritual, pero era ya un abogado famoso y respetado, que había hecho infinidad de cosas por la comunidad india de Sudáfrica, y era además bastante considerado por los ingleses. En estos momentos Gandhi necesita tomar varias personas a su servicio, unos para sus tareas jurídico-políticas y otros para las faenas domésticas. Todos vivían en la casa con él y su familia, creando una especie de comunidad. Pero Gandhi explica que, en aquella casa, la limpieza de las letrinas no quedó asignada a nadie, sino que se encargaban de ella el propio Gandhi, su mujer y sus tres hijos. (cf. Mis experiencias con la verdad, p. 300).

Esta decisión la toma un hindú que había sido educado en la teoría de las "castas" y se había apartado de ella leyendo los evangelios. Para nosotros sirve de ejemplo simbólico de hasta dónde puede llevar la iniciativa del Espíritu, cuando el hombre se abre a ella con cierta inmediatez. Naturalmente, decisiones así no puede la autoridad eclesiástica convertirlas en ley, por significativas que sean. Pero podrían pulular, y fecundar la sociedad, si en la Iglesia hubiese más iniciativa del Espíritu para que cada cual se deje llevar a encarnar esa terna de Sobriedad, Sencillez y Solidaridad que configura la práctica cristiana frente a la práctica "mundana" de tener más, poder más, aunque tenga que ser pisoteando al otro. Porque buenos cristianos tampoco faltan hoy.

Apelar a la iniciativa del Espíritu puede ser peligroso, puesto que el hombre tiene gran capacidad de autoengaño y de manipulación del nombre de Dios, para bendecir sus mayores inhumanidades como iniciativas del Espíritu. Pero, a pesar de eso, es necesario.

El presente Cuaderno pretende sólo sugerir algunas de esas iniciativas posibles para mostrar ejemplos que nos enseñen a encontrar en oración la voluntad de Dios para nuestras vidas, en la construcción del Reino.

Recomendaríamos no leerlo todo seguido. Quizá baste con leer uno o dos capítulos por día. Y si en alguno encuentro algo que me interpela, detener la lectura y pararme a reflexionar antes de seguir.

0. CREACIÓN DE UNA MENTALIDAD SOCIAL

En las escaleras mecánicas de muchas estaciones de metro, es fácil ver anuncios con la siguiente recomendación: "suba Ud. por la derecha y deje pasar por la izquierda". La realidad se opone a esta sensata advertencia. Con frecuencia la gente se empantana a ambos lados de la escalera, conversa con su acompañante como si sólo subieran ellos dos, y si algún viajero va con prisa, no le queda más remedio que fastidiarse o pedir paso por favor.

Es un ejemplo mínimo. Esas conductas no suelen provenir de mala voluntad, sino de simple inadvertencia. No estamos habituados a preguntarnos: esta conducta mía ¿qué puede significar para los demás? No hemos sido educados en esta dirección sino en la del individualismo más atroz: "si me apetece así, lo hago así, aunque se hunda el mundo".

Semejante mentalidad no hace fácil la convivencia. En cualquier Autoescuela se suele enseñar como primer principio que "cada cual debe conducir de tal modo que moleste a los demás el mínimo posible". Tal consejo, puesto en práctica, acaba siendo para bien de todos. Y la vida humana, tiene mucho en común con la circulación.

Otro ejemplo: últimamente hemos aprendido que el agua es un bien escaso. Si queremos salvar a nuestra península de una desertización casi irreversible, la España Norte habrá de acabar ayudando a la España Sur. Ante esas evidencias, ¿me limito a "pasar" olímpicamente? ¿O me pregunto si mi uso del agua no será exagerado, si la dilapido alegremente, y si quizá podría intentar mantener mi consumo de agua en límites que, sin ser rácanos ni mezquinos, tengan en cuenta esa necesidad social? Actuar así también sería pensar en los demás.

Un cristiano debería distinguirse por una mentalidad hondamente fraterna y comunitaria. Pero semejante mentalidad no nos viene dada con la naturaleza. Al igual que el desarrollo físico, requiere ejercicio y entrenamiento. Por si fuera poco, la mentalidad eficacista actual desacredita esas consideraciones sociales alegando que son de eficacia "mínima": que yo sea honrado, que uno procure no defraudar ni dilapidar, son cosas que "no sirven para nada" porque no cambian las grandes cifras de la macroeconomía. Argumentar que si sólo lo hago yo no servirá para nada, es desconocer que para que lleguen a hacerlo muchos, han de comenzar algunos pioneros.

Ese modo de argumentar acaba justificando infinitas conductas corruptas: que un personaje público se aproveche de su cargo para viajar gratis puede ser muy lucrativo para él sin que se note en una economía global, privada o pública. Y al generalizarse estas conductas se produce el caos social, por aquello que decía el antiguo refrán: "muchos amén, al cielo llegan". Así se acaba generando la desconfianza en todas las relaciones políticas o sociales. El invencible fraude fiscal es quizá el mejor ejemplo de todo esto.

Habrá que insistir pues en que el buen ejemplo también es eficaz porque, aunque no acumule riqueza, genera confianza. Y para ello, habituarse a convivir con esta pregunta: ¿qué repercusiones puede tener en los demás esta conducta particular mía? ¿qué pasaría si todos, o muchos, actuaran como yo actúo?

Pensar calladamente en los demás al actuar, contiene más caridad y más fraternidad que mil palabras pseudoamables, biensonantes, aduladoras y de "relaciones públicas".

PROPUESTAS PARA LA CONVERSIÓN PERSONAL

1. AYUNO SOLIDARIO
(Tomado de J.I.GONZÁLEZ FAUS, Recuperar el ayuno; "El Mundo", 8.3.93, p.4.)

"1. Usted se compromete un día a la semana a dejar la comida y la merienda. Hace sólo un desayuno corriente y una breve cena. O bien suprime todas las comidas y pasa el día sólo con unas pocas piezas de fruta. Mis amigos naturistas le podrán explicar lo saludable que resulta ese pequeño barbecho digestivo. Usted se encontrará mejor y hasta puede ser que ahorre bastante en rollos de metabolismos, dietéticas y colesteroles.

2. Pero esto no es lo que aquí nos motiva, aunque pueda ser una razón suplementaria. Lo que se persigue es que, si llega un momento hacia media tarde en que a usted le araña el hambre y hasta un cierto mareo, entonces piense: esta sensación tan molesta es la habitual de millones de hombres del planeta. Así viven cada día.

Con ello consigue usted dos cosas:

a) Un ejercicio muy cristiano de la solidaridad y del amor los cuales, cuando se ven impotentes para arreglar algo, optan al menos por acercarse y asemejarse. Y

b) si a la larga nos molesta esa sensación quizá nos vuelva más creativos: porque si para acabar con el hambre es preciso cambiar muchas cosas del sistema, y para ello hace falta mucho ingenio, y el hambre aguza el ingenio, se hace necesario que esa hambre sea un poco nuestra.

3. Una vez aquí puede usted calcular cuánto ahorra cada día de ayuno (que puede ser el sábado si el viernes hay más trabajo). Si lo promediamos en unas 500 pesetas semanales, viene a resultar unas 25.000 al año. Pero cada cual es libre de hacer aquí su promedio, con tal que lo haga honradamente.

4. Ese ahorro lo entrega usted a quien mejor le parezca: a Cáritas, a la Cruz Roja, a Intermón, a la asociación "Actúa" de ayuda a los sidosos, a Manos Unidas o a Somalia. Asegúrese bien, pero elija usted.

5. Y como guinda final, esa ayuda la entrega usted al comienzo del año. Piense si le ayuda que así quedará libre durante meses del acoso del IPC. Pero piense sobre todo que así queda usted comprometido a no volverse atrás, porque ya pagó el producto. Y que si cuajara socialmente el consejo, y muchos se apuntan a esa práctica, quizá les queden a las instituciones beneficiarias algunos réditos importantes: que muchos pocos hacen un mucho, como les explicará mejor que yo cualquier banquero.

Esto es todo. Sólo queda asegurar que éste era el color verdadero del ayuno en el cristianismo primitivo, aunque no sea ahora el momento de aducir los mil textos que juntaban estrechamente ayunar y ayudar. La práctica perdió sentido cuando ambas cosas se separaron. En su versión primera valía tanto para cristianos como para no cristianos porque es profundamente humana."

2. RESISTIR LA SEDUCCIÓN DE LAS MARCAS

El aire que respiramos está compuesto de oxígeno, hidrógeno y publicidad. Sólo necesitamos echar un vistazo a nuestro alrededor y contar las marcas, logotipos y eslogans que nos visten y que visten a nuestros objetos más cotidianos.

Este fenómeno no deja indiferente y provoca reacciones que van desde la aprobación entusiasmada hasta la condena más encendida. La publicidad nace con la revolución industrial. En aquel momento desaparece el trato directo entre el productor y el comprador. El producto, que ahora se fabrica en cadena, se convierte en algo anónimo para el consumidor. El contacto entre ambos se resuelve con la publicidad. A partir de este momento la compra de un producto estará motivada con las garantías del fabricante, explicadas a través de los medios de comunicación habituales.

La decisión de compra no la tomamos sólo con la razón. La imagen con que el fabricante presenta su producto juega un papel muy importante. Cuando decimos "imagen" decimos aquel conjunto de estímulos que, sin ser el objeto a comprar, lo acompañan y suscitan en nosotros unas vibraciones que incitan el deseo. Las garantías que ofrece el fabricante envueltas con una buena imagen es lo que llamamos publicidad.

Todo acto de compra es un riesgo. El consumidor se desproveerá de un dinero...., es necesario que la publicidad lo anestesie vinculando el producto a experiencias de realización personal. En el sistema económico de libre mercado, la publicidad intenta ser la cara amable que hace sostenible el capitalismo. La unidimensionalidad del "homo economicus" queda endulzada con las vinculaciones etéreas pero efectivas que establecen los mensajes publicitarios entre estos dos principios: "mayor producción, mayor venta, mayor beneficio" y valores antropológicamente irrenunciables: felicidad, libertad, paz...

Cuando presenta positivamente un gesto solidario de una campaña por el Tercer Mundo, la publicidad nos humaniza. Cuando presenta un gesto egoísta que nos impulsa a comprar el último modelo, la publicidad se vuelve regresiva. La clave no pasa ni por una guerra a las marcas ni por una convivencia pasiva, sino por aprender a leer la publicidad, por ponernos delante de ella como los sujetos activos y libres que queremos ser.

Esta situación se vuelve peligrosa en personas o etapas de la vida (vg. la adolescencia) en que el sujeto soporta una "crisis de identidad". Crisis de este tipo pueden ser muy duras, y la tentación de superarlas mediante el falso recurso a las marcas, en lugar de resolver la crisis la convierte en crónica y hace al sujeto increíblemente dependiente. Las marcas aumentan abusivamente sus precios; y lo que se paga con ellos no es una mejor calidad, sino una falsa terapia al problema no resuelto de la propia identidad.

Algunas sugerencias para consumir mejor sin ser consumidos:

1. Descubrir cómo algunos productos, de grandes almacenes, sin marca son tan buenos como los que tienen renombre, y mucho más baratos.

2. Hacer "zapping" o boicot parcial o total a las cadenas de televisión, radio, periódicos, etc. que superen una proporción razonable de anuncios.

3. Mirar los objetos que utilizamos y preguntarnos hasta donde aceptamos convertirnos en anuncio ambulante de pantalones, blusas, bolsos, etc.

4. Cuando vayamos a los grandes almacenes (paraísos del consumo), hacer algún gesto que nos mantenga lúcidos y a resguardo de una seducción abusiva: dinero justo, lista hecha con anterioridad, ir acompañado...

5. Cuando creamos que una campaña publicitaria hiere descaradamente unos principios éticos mínimos (engaño, pornografía, violencia, manipulación, etc.), no nos quedemos impasibles, demos algunos pasos. Primero, escribir a la casa anunciadora exponiendo lo que nos parece inadmisible, y pidiendo una eventual retirada de la campaña. En el caso de que la respuesta nos resulte insatisfactoria podemos movernos judicialmente a través de una asociación de consumidores. No debe extrañarnos que la marca en cuestión haga lo que sea necesario para estar a buenas con el cliente o para ahorrarse, precisamente, publicidad negativa.

3. MANUAL DEL TELEVIDENTE MADURO -
DE TELEBASURA A TELEALIMENTO

En tiempos en que la guerra era casi ocupación común de toda la sociedad, Erasmo de Rotterdam escribió un librito de intención similar a la de este Cuaderno, titulado "Enquiridion (=Manual) del soldado cristiano".

Tomándole prestado el título, podemos aceptar que hoy una ocupación común de todo el género humano es la de ser televidente. Esto hace que el ciudadano normal se convierta a veces en anormal, por causa de culebrones latinoamericanos, de "espectáculos de la realidad" nacidos en suelo patrio, de manipulación informativa articulando armas sutiles, de guerras despiadadas, de audiencia en que para nada cuenta la ética de los contenidos, de fútbol alienador como en pleno franquismo, y hasta de dibujos animados con mediatizadoras intenciones morales y comerciales.

Los analistas de la sociedad se quejan de esta situación: la televisión idiotiza, impide la comunicación entre las familias, nos vuelve sedentarios, exagera la tendencia a lo facilón, atrofia la creatividad... Expresiones como las de "teleadicto", "telebasura" o "cajatonta" son suficientemente expresivas. Por otro lado renunciar absolutamente a la tele puede ser una radicalidad inviable: la televisión contiene posibilidades grandes de información y de educación comunicativa y artística. No debería dilapidar tanto dinero pero también en eso podría ayudarla el público...

Así pues, parece más razonable que en cada casa cristiana exista un código claro y respetado sobre el contacto con la tele. En este sentido proponemos un decálogo para evitar que el instrumento televisivo se convierta en protagonista televisivo.

Lo que buscamos es hacer de la "telebasura" nada menos que "telealimento".

1. El aprecio por la TV forma parte intrínseca del modo de usarla bien. Por eso no nos sentamos ante la tele a ver "lo que nos echen" sino porque nos interesa un determinado programa.

2. La TV hay que usarla cuando nos convenga, y saber prescindir de ella. Porque le reconocemos un valor, adoptamos ante ella un talante de "uso inteligente" y no de mera evasión.

3. El problema no reside tanto en "todo es basura" como en "elijamos entre todo". Siempre es complejo el ejercicio de la libertad. Hay que elaborar los propios criterios para elegir: retransmisiones en directo, los informativos más neutrales, debates serios, películas de calidad...

4. Excluir programas no sólo violentos o gratuitamente pornográficos, sino alienantes o facilones: concursos baratos, etc.

5. No basta quejarse. Hay que demostrar que se está a disgusto. La TV es siempre un fiel reflejo de la realidad de los consumidores: pretender, en el campo medial, que siempre cambien los Medios es una completa ingenuidad: ellos tienen infinidad de maneras para controlarnos, y sólo cambiarán si les hacemos cambiar nosotros. Solamente cuando se formen asociaciones de televidentes que actúen de verdad, entonces se podrá incidir en los contenidos televisivos.

6. Sospechar siempre. La TV nunca es neutra, ni la oficial ni la privada. Siempre tiene algunos intereses, aunque sean de simple naturaleza comercial, cuando no de talante ideológico. Hasta el canal más noble oculta inevitablemente alguna intencionalidad.

7. La TV es una trampa mortal para niños y todavía más para adolescentes, que suelen ver, en España, unas tres horas de TV al día. O se toman medidas de naturaleza educativa respecto de los espacios y del tiempo de visión televisiva, o no se podrá evitar una incidencia nociva sobre estas jóvenes personalidades. Hay que "enseñar a dominar la TV".

8. Por ello será preferible ver la televisión en familia. Para evitar el disgregamiento familiar y para poder discutir familiarmente cuanto se contemple en la pantalla. En este segundo aspecto la TV puede convertirse en instrumento cualificado de cohesión familiar.

9. La TV comunica mediante un "lenguaje específico": el "audiovisual". Pretender comprender sus mensajes/discursos sin conocer ese lenguaje, es como intentar leer un libro sin haber aprendido a leer la letra escrita. Hay que tomarse muy en serio tal "lenguaje audiovisual" es la gran asignatura pendiente del fenómeno televisivo.

10. La TV puede llegar a alimentar. Pensemos lo que supondría si los cristianos y personas con valores parecidos, mediante una conducta común, lográsemos cambiar los índices de audiencia de los programas de menos calidad. A lo mejor conseguiríamos también que los políticos no se desvivan tan indignamente por controlar los canales que están a su alcance...

4. VIVIR TRES MESES CON EL SALARIO MÍNIMO
(Proyecto de "Kairós Europa")

1. Nuestra convicción

El modelo actual de civilización está fundamentado en la idea del crecimiento por medio del consumo: Consumir cada día más se nos ha presentado, no sólo como el acto de fe por excelencia, sino como el ideal de toda la vida, el único camino de felicidad. Una especie de cartesianismo materialista: Consumo luego existo, automáticamente transformado en cuanto más consuma más existiré.

El resultado es una sociedad, regida por la cultura del individualismo y del hedonismo, que cada vez tiene que utilizar más medios de control y represión para defender su bienestar en un mundo rodeado de miseria. Estamos convencidos de que debemos prepararnos para una verdadera revolución cultural, que se debe traducir en cambios radicales en nuestra manera de pensar y de vivir, de reflexionar y de consumir.

El reto a asumir sería: "Generar una contracultura de la solidaridad como una nueva cultura de la acción, de la participación, de la militancia... Existen gentes deseosas de superar los estilos de vida centrados en el consumo y la obtención de dinero y están dispuestas a participar en acciones sociales. Hay que hacer un esfuerzo de pedagogía colectiva para ofrecer a estas gentes cauces concretos de acción solidaria" (Rafael Diaz Salazar).

Nada mejor para ello que empezar por trastocar un poco nuestro consumo diario. Hacer la experiencia de un cambio consecuente de nuestra forma de vivir. Es a partir, y desde el interior, de esa experiencia como podremos disponer de la oportunidad de ser receptivos a nuevas ideas y a nuevas estrategias de cambio.

2. Nuestros Objetivos

1. No se trata en absoluto de justificar el Salario Mínimo y menos aún en su nivel actual.

2. Este paso es, antes que nada, un paso de solidaridad y de empatía (comprender al otro desde el interior); de consideración hacia aquellos y aquellas que están afectados realmente.

3. Este tiempo será una oportunidad para informarnos mucho mejor y en profundidad sobre la precariedad, el empobrecimiento, el paro, la falta de vivienda..., la miseria misma, en nuestro país.

4. Dar la palabra a las víctimas. Confrontar la práctica de nuestro intento con la crítica de aquellas agrupaciones de parados, inmigrantes, mujeres sin recursos, jubilados, marginados... con las que tengamos relación habitual de solidaridad.

5. Ofrecer un pretexto para reflexionar sobre lo que, en nuestra forma de vivir, es fundamental y lo que no lo es. Qué entendemos por vital, qué por bienestar necesario y qué por superfluo. En definitiva una reflexión sobre el sentido de la vida.

6. Cuestionar el dogma liberal de la bondad del crecimiento y el modelo de consumo-despilfarro, basados en la producción de objetos desechables y en el consumo ilimitado, como factores creadores de empleo.

7. Hacer de la cuestión de la sociedad alternativa, un debate público. Se trata particularmente de aprovechar para informarnos y para debatir sobre: el lugar de la economía en la sociedad, de los desperdicios en nuestra sociedad y en nuestra vida, del tiempo libre, de la autoproducción y de la producción colectiva, de la economía no monetarista etc.

3. Nuestra Propuesta

a) Intentar vivir 3 meses con el salario mínimo sin contar los impuestos, los gastos de vivienda y los transportes.

¿Por qué el Salario Mínimo? Porque representa una especie de símbolo por debajo del cual ninguna persona, en teoría, debería descender. El reconocimiento oficial de un "minimun" necesario es capital, pero nuestro intento deberá decirnos si ese salario es un minimum o un infra; si realmente es suficiente para vivir dignamente. ¿Por qué 3 meses? Por ser un tiempo limitado y por lo tanto accesible, y porque su duración es suficientemente larga para ser significativa. ¿Por qué intento? Está claro que se trata de intentarlo lo más honestamente posible, pero tal vez la mayor parte de nosotros no lleguemos a realizarlo en toda su exigencia. En realidad será posible que algunos solamente se comprometan a "aminorar" sus gastos superfluos. El objetivo no es tanto llegar a toda costa, sino saber por qué no hemos llegado y, entonces, sacar las consecuencias que de ello se desprendan.

b) Debatir, testimoniar nuestra experiencia, y extraer consecuencias militantes. Durante estos tres meses, las personas que realicen la experiencia deberán agruparse dentro de núcleos, más o menos amplios, adecuados para facilitar el intercambio de motivaciones originarias, de objetivos a conseguir, y sobre todo de las reflexiones a que se vaya llegando.

c) Constituir un fondo de solidaridad. Parece coherente que las cantidades ahorradas con este proyecto de austeridad, en totalidad o en parte, según la conciencia y las posibilidades de cada uno, se ingresen en una cuenta especial del respectivo núcleo, a fin de constituir un fondo de solidaridad cuya utilización se definirá por los propios participantes.

4. Nuestros medios

Dispondremos de un dossier sobre: La problemática (socio-económica y teológica) y los desafíos. Cómo calcular el presupuesto y la puesta a punto. Una metodología para estos tres meses. Una bibliografía. Una lista de grupos dispuestos. Estudios sobre las grandes cuestiones: el empobrecimiento, el salario mínimo, la fiscalidad y el reparto de la riqueza, la relación entre paro y consumo, la búsqueda de elementos para "recrear la existencia", etc.

-Interesados por participar en el Proyecto: contactar con Kairós Europa, R. de Llúria, 7, 2º - 08010 Barcelona

-A fin de debatir metodología e implicaciones socio-económicas y teológicas, se tuvo un encuentro inicial, a nivel europeo, en Montpellier los días 13/15 de Octubre.

-Así mismo habrá un Encuentro final, en un lugar a designar, los días 17/19 de Mayo-96, al objeto de recoger las reflexiones de los grupos, debatir sugerencias y propuestas, y concretar una dinámica militante de cara a favorecer la emergencia de una sociedad de la frugalidad, de la simplicidad y del compartir.

5. ROMPER LA CADENA DEL CONSUMISMO
(Extracto de D. IZUZQUIZA, "El difícil arte de vivir sobriamente combatiendo el Consumismo". Revista octubre Sal Terrae, 1995.)

RECUPERAR LA ANTIGUA SOBRIEDAD CRISTIANA

Sin duda un "difícil arte". Hagamos algunas aclaraciones previas.

El Consumismo no es "exceso de consumo", sino un sistema basado en el consumo, un modelo mercantilista de existencia. Algo parecido, por ejemplo, al militarismo, que no se refiere a la excesiva presencia de lo militar, sino a una visión militarizada de la vida.

El consumismo tiene, por tanto, una evidente dimensión social. Y por eso la lucha contra el mismo no se debe plantear como una simple cuestión de valores o de comportamientos individuales. Un peligro claro, que debe evitarse a toda costa, es el de caer en un ascetismo neoconservador, que puede estar muy cerca del fariseismo o de una cierta idolatría de la sobriedad.

Es imprescindible pasar de lo verbal a lo real. Es necesario dar pasos concretos que puedan ir generando alternativas a esta situación.

El consumismo crea una cosmovisión que abarca y empapa toda la realidad, el sistema de valores, laconcepción de la vida. Consigue, en definitiva, que el horizonte vital de las personas quede limitado a la esfera del tener, como si ahí se jugase lo importante, olvidando la dimensión esencial del ser: ser más persona, más humano, más yo mismo, más solidario.

Es necesario ver propuestas capaces de ponernos en camino, de animar a la construcción progresiva de una alternativa al modelo actual, al consumismo vigente. Sin duda, no es una tarea fácil.

a) Humildad. Puede resultar llamativo empezar por aquí, pero es imprescindible reconocer que todos somos cómplices del consumismo muchas veces al día. Es conveniente: ser conscientes de ello; llevar la imaginación al poder; mantener la paciencia histórica; y cuidar el sentido del humor.

b) Programar y controlar. Se trataría de encarnar la austeridad en el proyecto vital:

- anotar los gastos del último mes o trimestre, con sumas totales y parciales; constatar: ¿cuánto gasto y en qué?, ¿a dónde va mi dinero (y mi tiempo, y mi afecto...)?;

- analizar esos datos objetivos a la luz del Evangelio, de mi opción de vida, de mis deseos..., con calma y en un clima de oración; ¿cuánto debería gastar y en qué?;

- modificar, corregir, apuntalar, programar para el futuro inmediato.

c) Contacto con los pobres. Resulta difícil, si no imposible, vivir sobriamente cuando estamos rodeados de opulencia: nuestra vida cotidiana niega nuestros supuestos deseos. Por eso es necesario un contacto directo con los pobres, las víctimas del sistema consumista, para poder elegir, vivir, consumir, sentir, concebir la vida... desde ellos y como ellos.

d) El papel de la comunidad. Como en todas las tareas que son "difíciles artes", es imposible avanzar en solitario; por eso resulta imprescindible el papel de la comunidad. En el caso que nos ocupa, vivir sobriamente en medio de una sociedad consumista exige de algún modo "crear zonas liberadas" (J.M. Mardones) donde poder respirar un ambiente menos enrarecido; donde poder gozar de la sencillez, la gratuidad, la austeridad...; donde pueda germinar "la genuina virulencia de lo cristiano".

e) La óptica no-violenta. Veamos algunos aspectos de la lucha no-violenta que pueden ser vividos en lo cotidiano de nuestras vidas:

- no cooperación con el consumismo: quitarle apoyo social desde la base (p.ej. rechazar la publicidad, anuncios televisivos,"mailings");

- boicot a determinados productos perniciosos por sus implicaciones laborales, ecológicas, antihumanitarias, militares, etc. (Ejemplos conocidos han sido el del carbón surafricano en la época del apartheid, el de la multinacional Shell en junio de 1995, o el recientísimo de los productos franceses en protesta contra las pruebas nucleares);

- objeción laboral: del mismo modo que la conciencia puede presentar objeción a colaborar con el servicio militar o con el destino de los impuestos, también puede hacerlo con determinadas actividades profesionales relacionadas con el consumo (p. ej., publicidad, peletería, investigación y venta de armas, etc.). (Ampliaremos estas sugerencias en próximos capítulos del Cuaderno.)

f) Consumo alternativo. El problema del consumismo no reside sólo en la cantidad (cuánto se consume) sino también en la calidad (qué y cómo se consume). No se trata sólo de reducir, sino de modificar las pautas de consumo. Por esto es muy importante apoyar las iniciativas de consumo alternativo o comercio justo; se trata de consumir productos producidos por los pueblos del Sur, con salarios dignos, sin explotación laboral de los niños, sin discriminación sexual y con respeto ecológico. Es importante también hacerlo de un modo conscientemente soliodario, apoyando ONG's del Norte y del Sur hasta ir creando un auténtico tejido de solidaridad que fortalezca la sociedad civil y vaya generando alternativas estructuradas.

g) La aportación ecologista. Uno de los lemas del movimiento ecologista ilumina nuestro difícil arte: Pensar globalmente, actuar localmente. Algo similar apareció en una pintada, allá por mayo de 1968: "Los que hablan de la revolución sin referirse a la vida cotidiana, hablan con un cadáver en la boca". Las famosas "tres erres" dan pistas de por dónde caminar:

- reducir el consumo en cosas tan sencillas como ir a la compra con una bolsa de tela y evitar así el abuso de bolsas de plástico; o comprar a granel lo que se pueda, reduciendo el gasto de envases innecesarios. Más ejemplos: utilizar el ascensor sólo para subir reduce el gasto energético en un 60% aproximadamente;

- recuperar todo lo recuperable; negarse a los productos de usar-y-tirar, utilizar el papel usado por una cara para escribir notas por detrás, recuperar (para mí o para otros) libros y ropa, etc.;

- reciclar. Con todo, ésta es hoy la última moda consumista, comprar productos reciclados! No está mal, pero sólo tiene sentido si se da lo anterior y colaboramos en el reciclaje (vidrio, papel, cartón, pilas, metales..., hasta llegar a la recogida selectiva de basuras en origen).

e) Ascesis para apuntalar. Ciertamente, la ascesis no está de moda, ni como palabra ni como realidad. Pero es indudable su valor, tanto para la vida en general como para el aspecto que ahora nos ocupa. Es necesario tener experiencias de autodominio, de no dejarse guiar por el consumismo. Estas experiencias reforzaran actitudes, serán signos expresivos de nuestras opciones, encarnación de nuestros deseos íntimos, control de nuestros deseos superficiales, recordatorio de las víctimas del consumismo...

Los ejemplos y las concreciones serán, por supuesto, muy variados y libremente elegidos: un día de ayuno, apagar la calefacción de casa, suprimir la televisión, restringir el uso del ascensor, etc., tratando de que el ahorro no sea para acaparación personal, sino para invertir solidariamente.

ACCIONES POSITIVAS DE APOYO A CAUSAS JUSTAS

6. APOYO A ACCIONES SOLIDARIAS
(Luis DE SEBASTIÁN, en "El País" 16.9.93)

"Unas personas solidarias con los pueblos más pobres que nosotros han lanzado una iniciativa entre los ciudadanos de Cataluña para que demos un 1% de nuestros ingresos netos en concepto de ayuda a los países pobres.

Hace unos 20 años, en la Asamblea General de las Naciones Unidas se aprobó una moción que pedía a los países más ricos del mundo que dedicaran el 1% de su respectivo producto nacional bruto a la ayuda a los países en vías de desarrollo, como - eufemísticamente- se decía entonces. Diez años después, y ante los hechos consumados de una solidaridad bastante limitada, la Asamblea General de la ONU propuso un objetivo más bajo, el 0,7%, del PIB de los países ricos. Esa sigue siendo la meta de los fondos catalogados como ayuda oficial al desarrollo que los países de la OCDE, el club de los países ricos, dedican al mundo pobre. Son pocos, los países que dan un 0,7% de su PIB. En 1992, sólo los países escandinavos dedicaban el 0,7% o más -en el caso de Noruega y Suecia- a la ayuda al mundo pobre. Holanda y Francia se les acercan; pero los restantes países quedan muy lejos de esta meta humanitaria. El promedio de los países miembros de la CE es del 0,37%. Y España apenas llegó el pasado año al 0,2% de nuestro PIB, una ayuda inferior a la que nos correspondería por nuestro nivel de vida.

Hablar en tiempo de crisis de aumentar la ayuda al desarrollo no es muy popular ni muy realista. El recorte del presupuesto para 1994 implica ya una reducción importante de los fondos destinados a la ayuda al desarrollo. Es un recorte con poco coste político en el corto plazo, aunque puede tener consecuencias más adelante en la presencia e influencia española en la comunidad internacional y en los mercados de los países emergentes de América Latina y Africa. Pero a un Gobierno obsesionado con el déficit de este año no se le puede pedir mucho.

Por eso quizá son más importantes las iniciativas de la sociedad civil para la ayuda al desarrollo. Ya hace tiempo existe un movimiento en favor del 0,7%, estructurado como organización no gubernamental, que promueve el cumplimiento del objetivo de la década de los ochenta. Y, dicho sea de paso, la ayuda al desarrollo que se canaliza por las ONG tipo Intermón, Manos Unidas, Médicos sin Fronteras, y otras que lamento no poder citar, es cada vez más voluminosa y viene a engrosar la ayuda oficial, que más bien es raquítica. La Campaña 1% Movimiento del impuesto voluntario va más allá y apela a todos los que, estando descontentos de la tacañería de nuestras administraciones públicas, quieren hacer algo más por los pobres de este mundo."

(No son conocidos de todos los acontecimientos posteriores a este escrito, en torno a la Plataforma del 0,7, que siguen evolucionando todavía. Como quiera que termine son un aldabonazo para nuestras conciencias, y un ejemplo de que, podemos más de lo que creemos).

7. ACOGIDA AL EXTRANJERO

Un emigrante no es un aventurero atrevido que marcha de su país alegremente. Es, más bien, una persona que se ve empujada a marchar para buscar -donde sea y como pueda- los medios de subsistencia para él y para su familia, y así vivir con unos mínimos de dignidad.

Cada persona tiene un mundo, tierra, familia, cultura, costumbres, religión, entorno, que lo ha ayudado a ser. El inmigrante se encuentra de repente en otro mundo donde todas estas cosas son diferentes o, quizás aún peor, indiferentes a sus angustias, necesidades, anhelos y esperanzas.

La dureza de la sociedad ante personas distintas de nosotros (de las cuales frecuentemente se piensa que no aportan nada o que sólo traen problemas) debería hacernos reflexionar sobre nuestra escala de valores. No sea que con nuestros comportamientos neguemos, de hecho, la igualdad de todos, que seguramente queremos defender. Y que con nuestro desconocimiento voluntario hagamos imposible el acercamiento a los demás.

Todo ello nos haría prisioneros de una especie de autocomplacencia infantil que cree que somos los mejores y que impide tener el espíritu receptivo y una actitud de apertura ante los demás, actitud que hace nuestra su realidad.

Es claro que el problema tiene raíces de orden socio-político-económico, delante de las cuales podemos encontrarnos sobrepasados: el desequilibrio Norte-Sur. Pero las actitudes personales que tomamos ante el inmigrante sí que dependen de nosotros, de nuestra capacidad de ver y valorar a los otros como un "alter ego", como una extensión de mi propio yo.

Algunas actitudes positivas ante el inmigrante

1. Estar convencidos vitalmente de que todos somos hijos de la misma naturaleza creada por Dios y que los aspectos más vitales nos unen por más que queramos diferenciarnos: nacemos, sentimos, sufrimos, morimos...

2. Crear conocimiento. El desconocimiento suele ser engañoso; el acercamiento, en cambio rompe barreras psicológico-mentales y nos hace descubrir al otro en toda su peculiar riqueza.

3. Respetar las dimensiones de la persona que provienen de una cultura diferente de la nuestra y que se han alimentado de otros conceptos vitales. Y así descubrir el hecho de la diversidad.

4. No ser curiosos ni irónicos con sus costumbres y creencias porque pertenecen a la intimidad de cada persona; en todo caso, preguntar con todo respeto sobre aquello que desconocemos para poder valorarlo.

5. Buscar siempre los puntos comunes y aquello diferente que puede enriquecernos mutuamente cuando lo compartimos con respeto y aprecio.

6. Buscar un trato concreto, distendido, y ajeno a las relaciones laborales, con algunos de ellos

7. Reconocer los derechos de los inmigrantes antes de exigirles que cumplan sus obligaciones.

8. Tener cuidado de usar un lenguaje no discriminatorio que no menosprecie ninguna raza, color, creencia o cultura.

9. Saber descubrir y admirar las formas de vivir que aportan valores de los cuales esta necesitada nuestra sociedad (como el sentido de la hospitalidad, de la fiesta, de la comunidad...).

10. Hacer consciente que su presencia nos ayuda a vivir con más profundidad nuestra fe cristiana.

He aquí algunas actitudes hacia el inmigrante que nos ayudarán a ser más tolerantes, justos y en definitiva más humanos. Y que nos ayudarán a hacer cada día más real y posible el concepto del mundo como una aldea global, como la casa de todos, como la patria común. De aquí brotará también la firme disposición a luchar por sus derechos: el derecho a la legalidad, al trabajo, a la vivienda, al reagrupamiento familiar, etc. Y, si queremos podemos ir todavía más lejos, a luchar para establecer entre los pueblos relaciones de igualdad y no de explotación, para romper la división Norte-Sur cada día más profunda y origen de la gran mayoría de migraciones. Unas migraciones que ni nuestros privilegios de países ricos, ni nuestras leyes restrictivas, ni las barreras policiales de ningún sitio podrán detener.

8. FEMINISMO

Según el "Informe sobre el Desarrollo Humano" del año 1995, en España los sueldos de las mujeres son un 20% más bajos que los de los hombres; sólo un 30% de los nuevos trabajos fijos son ocupados por mujeres; y en lo que respecta al trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, se calcula que las mujeres le dedican cuatro horas más que los hombres en una ciudad como Barcelona (LA VANGUARDIA, Dosier Mujeres, 29.8.95). Lo que se espera y valora socialmente de un hombre y de una mujer es muy diferente, y es una de las principales causas de los datos que acabamos de apuntar. Tales datos, que se podrían ampliar indefinidamente, hablan por si mismos y reclaman nuestro compromiso.

Como mínimo

1. El lenguaje. Frecuentemente utilizamos expresiones, palabras abstractas, frases hechas, chistes, etc. que pueden considerarse sexistas. Sin necesidad de convertir la lengua en algo purista, si que sería necesario distinguir los momentos o situaciones en que no costaría utilizar lo que llamamos un lenguaje inclusivo, es decir, que hace referencia a los dos sexos en vez de usar siempre el masculino.

2. Corresponsabilizarse de las tareas domésticas. Es una propuesta que de tan manida, parece que haya de pasarse por alto. Pero es esencial que los miembros adultos de una familia asuman de igual forma la responsabilidad de las tareas de casa y el cuidado de los hijos y las personas mayores o enfermas. Sobre todo con el objetivo de desmitificar el hecho que este tipo de trabajo recaiga exclusiva y necesariamente en las madres o mujeres de la familia. De cara a los más pequeños de la familia, es esencial que vean que no se trata de unas tareas que las mujeres, por el hecho de serlo, han de desarrollar necesariamente.

3. Tener sentido crítico delante de los medios de comunicación y discursos políticos. Continuan reafirmándose los modelos en que el hombre se presenta como un macho protector, de actitud viril, duro, exigente... y la mujer se presenta como un objeto estético, seductor, decorativo, preocupada sólo por la imagen externa, pero de carácter tierno, suave, delicado... O también, preocupada sólo por los asuntos relacionados con la maternidad, el cuidado de los hijos y el mantenimiento del hogar.

Hay que prestar atención, también, a los discursos políticos neoconservadores o a ciertos discursos religiosos, a los cuales les interesa remarcar la importancia de la misión de la mujer sólo como madre y transmisora de ciertos valores, como si por "esencia" y "naturaleza" le correspondiera asumir exclusivamente una función que, en buena parte, es una construcción de la sociedad y la cultura.

4. Actuar dentro de la Iglesia. Desgraciadamente la Iglesia mantiene en su estructura institucional y en las interpretaciones de las Escrituras un sexismo secular. Históricamente, esta situación que contrasta con los orígenes cristianos, nace y se fortifica sobre todo en el segundo milenio, con la aceptación del poder político por parte de la institución eclesiástica. En la iglesia occidental ha estado demasiado ausente la vivencia y la teología del Espíritu Santo (pneumatología). Pero una pneumatología elemental nos haría comprender que la voluntad de Dios es el mayor respeto por las diversidades entre los seres humanos, sin que estas se conviertan nunca en excusa para las desigualdades. Sirve de muy poco que un Papa pida perdón a las mujeres, si todos los cristianos no estamos dispuestos a cambiar nuestras actitudes machistas, y a exigir a las jerarquías eclesiásticas, como mínimo, todo aquello que en estos momentos sería ya posible.

Teniendo en cuenta el gran número de mujeres que participan en las celebraciones, actividades y trabajos parroquiales o que trabajan en movimientos e instituciones eclesiales, nos tendríamos que preguntar:

- Cómo se valora este trabajo y dedicación, qué imagen se tiene de ellos

- Si se promueve que las mujeres ocupen cargos de responsabilidad y decisión en la institución.

- Cómo se transmite a los niños, jóvenes y a toda la comunidad eclesial el mensaje evángelico no discriminatorio por razón de sexo, étnia, formación o clase social, y cómo se lleva a la práctica.

Una buena idea podría ser iniciar un grupo de reflexión de mujeres; o también emprender grupos de reflexión mixtos; pero ambos dentro de la parroquia o movimiento eclesial.

9. ECOLOGÍA
(La primera parte de este epígrafe está sacada de: Señales del Espíritu. Vll Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias. Camberra, Australia, 7-20.2.91)

El movimiento ecuménico ha reflexionado con mucha profundidad sobre este tema. Así, la 7a. Asamblea Mundial del Consejo Ecuménico de las Iglesias hace el siguiente diagnóstico. "En la actual situación internacional nos encontramos con dos problemas principales: la crisis mundial de la justicia social y la crisis global ecológica y ambiental"... "Hemos de decir que la justicia social para todas las gentes y la eco-justicia para toda la creación no pueden separarse. La justicia social es inseparable de la existencia de un medio ambiente sano. Pero, nunca se conseguirá un medio ambiente sostenible y sustentador sin una mayor justicia social".

"La justicia es indivisible, no sólo desde el punto de vista de nuestras convicciones teológicas, sino también en lo concerniente a las aplicaciones prácticas... Vivimos en un momento de sumo riesgo. Por primera vez en la historia, la actividad humana acumulativa puede provocar la destrucción, no ya de ecosistemas locales y regionales, sino de toda la ecología del planeta. El recalentamiento de la atmósfera terrestre pone en grave peligro la capacidad del hombre y de los demás seres vivos para sobrevivir y prosperar. Nos amenazan además los efectos acumulativos de otros factores como la destrucción del suelo por la deforestación, la erosión, la desertización, la salinización, la explotación comercial, la militarización y las guerras, etc.

"Toda la creación parece rota, herida, lesionada. Es realmente indignante y, para nosotros, pavoroso que la especie humana, que entró en escena en nuestro planeta hace unos 80.000 años, cuando la historia de la tierra se remonta a 4.500 millones de años, haya sido capaz de poner en peligro los propios fundamentos de la vida en la tierra en tan sólo 200 años de industrialización. Y esa crisis tiene sus raíces en la codicia humana, en la explotación y en la existencia de sistemas económicos que niegan la verdad elemental de que todos y cada uno de los sistemas económicos y sociales son en todos los casos subsistemas del ecosistema global y dependen totalmente de éste. Los sistemas económicos de la era industrial y postindustrial tratan a la naturaleza simplemente como un conjunto de "recursos naturales y abusan de ella para obtener los mayores beneficios posibles".

Según la Asamblea anterior de Basilea-1989 (Documento de Basilea, n. 19) estas causas pueden definirse bajo los siguiente rasgos:

- "La ilusión de que el hombre puede modelar el mundo a su antojo;

- la arrogancia que sobrevalora el papel del ser humano respecto a la vida;

- la ideología del crecimiento constante sin referencia alguna a valores éticos que está en la base de los sistemas económicos del Este y del Oeste;

- la convicción de que el mundo ha sido puesto en nuestras manos para que lo explotemos, en vez de para que lo cultivemos y lo cuidemos;

- la ciega confianza en que los nuevos descubrimientos irán resolviendo los problemas a medida que éstos se vayan planteando, y el subsiguiente menosprecio de los riesgos que acarrea nuestros comportamiento".

Sugerencias

Existen manuales que indican qué cosas podemos hacer para conservar la limpieza de nuestras ciudades, bosques, ríos y océanos. Es importante todo lo relacionado con la preservación del medio ambiente y todo lo que contribuya al ahorro de energía. Pero los problemas son tan radicales que exigen ir a la raíz: cambiar la actitud radicalmente egoísta y corta de vista, que sólo se preocupa por el bien inmediato, rápido y sin límites.

1. Siguiendo las orientaciones de la Asamblea de Basilea-1989, es importante constatar y darse cuenta de la absoluta interdependencia de todos los problemas alrededor de las injusticias (justicia), de la violencia (paz) y los desastres ecológicos de nuestra civilización técnica (integridad de la creación).

2. Debemos insistir, sobre todo, en una ética de defensa de la vida, en todas sus dimensiones: materiales, culturales, económicas, políticas y espirituales. Esto implica una ética de "los recursos escasos", una ética de la globalidad (todo el mundo), una ética de la paz y una ética más contemplativa que acentúa la "gratuidad".

3. Por último, siguiendo las urgentes recomendaciones de la Encíclica "Sollicitudo Rei socialis", se impone un cambio radical de conciencia y una revisión profunda de nuestros actuales estilos de vida (SRS. 13).

10. MILITANCIA SOCIOPOLÍTICA SOLIDARIA

Asistimos en la actualidad a una auténtica crisis de la militancia, no porque ésta sea hoy menor que en otros momentos (por el contrario, los análisis muestran que nunca como hoy se ha podido encontrar a tantas personas participando en organizaciones voluntarias), cuanto por el tipo de organizaciones en que se participa, la práctica que estas organizaciones desarrollan y el estilo de participación con el que se interviene en ellas.

Se han abandonado las tradicionales organizaciones sociopolíticas (partidos y sindicatos, fundamentalmente, pero también organizaciones vecinales y colectivos de barrios), sin que al tiempo se haya producido un trasvase significativo de efectivos y esfuerzos hacia los denominados nuevos movimientos sociales. El grueso de la participación se realiza en organizaciones religiosas, deportivas, culturales. Organizaciones expresivas o de autoayuda, cuya práctica, en el mejor de los casos, se queda en la periferia del sistema de poder, cuando no acaba por instalarse en su seno construyendo un cómodo nicho, desde un estilo de participación que muchas veces cae en eso que Lipovetsky ha denominado el altruismo indoloro. Una participación así puede constituir islas de humanidad (esta es la propuesta de sociedad civil neoconservadora) en medio de un sistema deshumanizado, burocrático, frío, pero es incapaz de ensayar alternativas de sociedad.

En esta situación, es preciso insistir en la necesidad de que la participación sociopolítica, sea en la organización que sea, se pregunte por su capacidad transformadora. Que desarrolle prácticas transformadoras y configure zonas liberadas. Capaz de hacer florecer lo inédito viable del actual momento histórico (Freire). Buscamos, por tanto:

1. Una militancia relativizadora, que considera a las organizaciones instrumentos para la transformación. Que no acepta en su seno actitudes, comportamientos y prácticas que son denunciados en la sociedad: carrerismo, falta de diálogo y democracia interna, etc. Indicadores de este estilo de militancia serán: existencia de limitaciones temporales en los cargos de responsabilidad, especialmente de los institucionales; realización de asambleas; animación de corrientes de opinión organizadas.

2. Una militancia entendida como una estrategia de profundización en la democracia. El índice de democratización de una sociedad no se debe medir atendiendo sólo al criterio de cuántos votan, sino al de en cuántos sitios se vota, es decir, cuántos y cuáles son los espacios de participación existentes en esa sociedad (N. Bobbio).

3. Una militancia que nazca desde claves pre-políticas. La condición de posibilidad de una militancia sociopolítica transformadora es, en la situación actual, la de ser generadora de cultura, a condición de que no pensemos en el espacio cultural como ajeno al espacio político y mucho menos como enfrentado a él. No hay que concebir esa aportación cultural como una aportación no-política, a-política o incluso anti-política, sino como una aportación pre-política, es decir, configuradora de unas nuevas condiciones de posibilidad para la acción política.

4. Una militancia que, sin renunciar a la posibilidad de llegar al poder, no pone el afán de conseguirlo por encima de los ideales que la hicieron nacer, sabiendo que ha de ser posible influir en la sociedad y en la autoridad desde otros ámbitos que no son necesariamente la consecución del poder.

Sugerencias

- Por supuesto, lo primero es participar en alguna organización sociopolítica. No es posible que en nuestro entorno todo lo que exista (partidos, sindicatos, movimientos) sea rechazable. En todo caso, si pensamos que es así, la conclusión no puede ser quedarse en casa, sino trabajar por construir una organización transformadora.

- Si estamos en un partido o sindicato, organizarnos en corrientes de opinión. Sin esta "micro organización" en el interior de estas grandes organizaciones, es prácticamente imposible influir.

- No nos encerremos en nuestra organización, seamos capaces de impulsar la creación de espacios para el encuentro y el trabajo en común de organizaciones diversas.

- Traslademos los problemas de los movimientos al partido y al sindicato, y los del partido y el sindicato a los movimientos.

- Allí donde estemos, insistamos en la importancia de la cultura y los valores. Revisemos la labor pedagógica de las organizaciones.

- Exijamos la radicalización de la democracia en nuestras organizaciones, para poder así exigirla al conjunto de la sociedad.

Lo dicho tampoco supone que se erija la militancia sociopolítica en ley, o en único camino. En nuestra hora histórica, la aparición de grandes ONGs de corte mundial puede que sea un signo positivo de estos tiempos de mundialización. Pero un cristiano no debería desentenderse de la política con el argumento, comprensible, de que "la política es tan sucia que ya no tiene remedio": porque esto equivaldría a dejar la política en manos precisamente de aquellos que no quieren remediarla.

ACCIONES NEGATIVAS CONTRA INJUSTICIAS ESTABLECIDAS

11. BOICOTS SOLIDARIOS
(L. DE SEBASTIÁN, La Organización de los Consumidores, en "El País", 14.4.92, pág. 42)

"La empresa norteamericana Colgate-Palmolive ha decidido reestructurar sus operaciones en Europa y cerrar su fábrica de Guadalajara, dejando en la calle a unos 300 obreros y empleados.

Estas son eventualidades de la inversión extranjera que se conocen hace mucho tiempo. Cuando una empresa multinacional decide reducir el nivel de sus operaciones, o racionalizar su producción, las plantas situadas en el extranjero, y por lo tanto menos defendidas por presiones políticas locales, tienen generalmente más probabilidades de desaparecer.

Naturalmente, el Estado español no puede hacer nada ante el cierre de la Colgate-Palmolive en España. Una de las reglas del juego que se deben observar para atraer a España a la inversión extranjera es precisamente la posibilidad de la des-inversión.

El intentar "atrapar" con legislación en defensa del empleo, por ejemplo, a las empresas multinacionales en un país determinado una vez que han puesto el pie en él, es el camino más seguro para que no vengan.

Sin embargo, es una pena que se pierdan puestos de trabajo sin hacer nada para defenderlos. En este comentario propongo que se haga algo, pero que se haga algo a partir de la iniciativa privada y por los cauces aceptados en las reglas de juego del mercado.

Supongamos que las Asociaciones de Consumidores hacen saber a Colgate que, si cierra la planta de Guadalajara, recomendarán a sus asociados que no consuman productos de la Colgate-Palmolive. Supongamos que la amenaza es creíble y que la empresa norteamericana se ve enfrentada con la pérdida de, por lo menos, parte del mercado español, un mercado apetitoso de 40 millones de personas que justamente están mejorando sus hábitos de limpieza. La empresa volvería a hacer números y muy probablemente no cerraría la planta española.

Solución de fuerza

Esta es sin duda una solución de fuerza, pero también es una solución que pasa por el mercado, en el que supuestamente el consumidor es el rey, el que decide qué se debe producir, en qué cantidades, a qué precios y, en nuestro caso, dónde.

Para que este tipo de acciones sea posible es necesario que existan asociaciones de consumidores con poder de convocatoria para emprender acciones colectivas eficaces y, dado el caso, hacer sus amenazas creíbles. El consumidor individual no es el rey de nada; él se enfrenta sólo a una oferta muy bien organizada, que dispone de medios poderosos de persuasión y un aparato de información que abruman al consumidor. Para que el consumidor sea rey -lo cual conviene para el buen funcionamiento del mercado- es necesario que se una con otros consumidores tan indefensos como él mismo, es necesario que forme Asociaciones con presencia en la opinión pública y, en definitiva, en los mercados.

Dado que una parte, la de la oferta, actúa en el mercado de una manera organizada, la otra, la de la demanda, también debe organizarse o coordinarse. Los consumidores organizados podrían realmente afectar los precios, rechazando, por ejemplo, los productos cuyos precios aumenten de forma irracional; también ejercerían un efectivo control de calidad.

Las asociaciones de consumidores deben llevar a los consumidores a una acción colectiva sobre los mercados. Para ello deben suministrar información.

Deben también -para ser eficaces- organizar acciones de los consumidores para influir en el mercado y en las decisiones de los productores, para que estos no tengan una influencia muy superior a los consumidores.

Sociedad individualista

Organizar a los consumidores es difícil porque son muchos en número, están dispersos geográfica y socialmente, y están habituados a actuar individualmente. Además, lo que pueden ganar con la organización concertada no se valora o se valora menos que las molestias de organizarse y actuar a una.

Este precio no afecta mucho al presupuesto y al nivel de vida de un consumidor particular. Por eso es muy poco probable que alguien -que no emplee el azúcar como input productivo- se moleste en organizarse y actuar para que se reduzca el precio del azúcar; al fin y al cabo es una cuestión de pocas pesetas. No sucede así con los productores de azúcar, que son pocos, que se conocen y que pueden coordinar sus acciones con gran facilidad. Y además tienen individualmente mucho que ganar o perder, si el precio del kilo de azúcar sube o baja respectivamente en una pequeña cantidad. Los prerrequisitos para una acción eficaz de los productores de azúcar son mucho más favorables que los consumidores.

Los consumidores en cambio pagan lo que se les pide por el kilo de azúcar, protestando quizá un poco -si saben lo que cuesta en el mercado libre mundial- pero sin ser capaces de emprender una acción colectiva, que puede ser tan sencilla como dejar de usar azúcar por un par de semanas. Esta simple acción, si se emprendiera por millones de consumidores en toda España, sería capaz de lograr que los consumidores impongan sus condiciones a los productores.

Lo anterior es sólo un ejemplo, pero si se convirtiera en una forma normal de proceder, entonces el consumidor organizado sería el rey, y el mercado funcionaría con la eficiencia que le atribuye la teología liberal."

(N.B. Puede parecer un proyecto bonito pero imposible. Cabría responder con la siguiente observación: cuando se permitió a los clubs de fútbol hacer propaganda en las camisetas de los jugadores, los futbolistas del Real Madrid comenzaron a llevar la marca ZANUSSI en su indumentaria. Al poco tiempo, las ventas de esa marca habían bajado de tal modo en Catalunya que la empresa retiró la propaganda. Si esta anécdota es bonita porque muestra la fuerza de las acciones conjuntas, es triste también que lo que los hombres somos capaces de hacer por una rivalidad discutible, no seamos capaces de hacerlo por una solidaridad limpia. Otra vez "los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz" (Lc. 16,8).)

12. BOICOTS DE PROTESTA SOLIDARIA

Lo propuesto en el capítulo 11, y en parte del 3, puede prolongarse en otra dirección. Hay vergüenzas sociales que deben ser boicoteadas.

- Por ejemplo: anuncios que en lugar de limitarse a informar estafan o manipulan, ya sea con promesas "celestiales", falsas e incumplibles, ya sea apelando a los instintos más bajos de la persona (poder, estimulación sexual, afán de ser envidiado, etc.). Un cristiano podría tener como norma no utilizar productos que se promocionen con esos recursos. Si todos se comportaran así, constituirían un "grupo de presión" impresionante.

- Una de las grandes vergüenzas de nuestra sociedad son los sueldos astronómicos de nuestros deportistas (futbolistas, tenistas, astros del baloncesto...). Viven del deporte y, además, se forran porque sus triunfos halagan falsamente nuestras pasiones patrioteras. Y sin embargo, mucho más que a ellos, necesitamos, por ejemplo, la aportación de los mineros, que arriesgan su vida cada día por una ganancia infinitamente más baja, y con poco reconocimiento social. Encima, los ídolos del deporte pueden "trasladar" su residencia a paraisos fiscales, librándose así de la mínima solidaridad que deben al país que dicen representar.

Los que se dejan llevar por el Espíritu están liberados de la necesidad de "engrandecerse" con los triunfos de sus compatriotas (que en realidad son mérito de éstos solos). Esperan de ellos que den lo mejor de sí como personas. La actividad deportiva puede ser contemplada desde una óptica meramente lúdica, sin recurrir a sus ingredientes "patrioteros" que obligan a aceptar infinidad de manipulaciones injustas.

- El conflicto a propósito del programa tde TV "esta noche sexo", con el descenso consiguiente de audiencia y la amenaza de empresas de retirar sus anuncios, es extrapolable más allá de la televisión: hizo ver el poder que tienen los consumidores cuando se unen,. Ojalá algún día sepamos hacer un boicot parecido, ante la impresionante manipulación futbolística.

Este tipo de acciones son, además, un servicio a la democracia: porque mientras los ciudadanos aceptemos la vieja fórmula del "panem et circenses" (pan y circo), el tejido social será un tejido totalitario, aunque el ordenamiento jurídico sea democrático.

13. OBJECIÓN FISCAL

En un sistema capitalista, los impuestos son moralmente obligatorios, porque son la única manera que tiene el sistema de cumplir con la justicia y poner en juego la "hipoteca social" de la propiedad (aparte de la necesidad de que todos sufraguen los gastos comunes que son para obras públicas, defensa, etc).

Pero precisamente porque son obligatorios, dan al ciudadano un cierto derecho (y obligación) de controlar el uso y el destino de esa recaudación, en lugar de resignarse a soportarlos pasivamente. La frase que se oye algunas veces ("eso se ha hecho con el dinero de todos los españoles") es, en principio, una queja válida.

Desde posiciones pacifistas se considera cada vez más que la partida de gastos militares es irracional y se hace en detrimento de gastos más necesarios (educación, etc). Además contribuye a mantener la "lógica bélica" sobre la que está montada nuestro mundo, y que sólo puede ser quebrada con acciones radicales. Es así como ha surgido la "objeción fiscal".

¿En qué consiste?

En desviar del impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas el porcentaje que corresponde a Defensa de acuerdo con los presupuestos del Estado.

Este dinero, que no se destinaría a la defensa de la sociedad, sino a la preparación de las guerras en defensa de unos cuantos, lo desviamos hacia finalidades socialmente útiles. Quien hace objeción ingresa el importe en la cuenta de un proyecto alternativo, e incluye el resguardo de su acción y una carta explicativa con el resto de papeles de la declaración.

Como se ve, no se trata de pagar menos impuestos: se paga exactamente lo mismo, pero haciendo uso del derecho a la objeción de conciencia. El objetor fiscal se niega a colaborar con el mantenimiento del aparato militar y opta por entregar directamente esta parte de su impuesto a alguna causa que verdaderamente lo defienda. No se trata tampoco de arreglar solamente un problema personal, sino que se trata también de una implicación en la lucha por un mundo donde la paz no sea la victoria del que está más armado, sino el resultado de la justicia. La objeción fiscal se constituye así en una lucha que, además de su carácter de resistencia a las cosas militares, tiene un fuerte componente de solidaridad. Desde el primer momento quedó claro que la Objeción de Conciencia Fiscal a los gastos militares trabajaría también para impulsar otras luchas que, llevadas a cabo por una serie de movimientos y grupos, estructuraban en conjunto lo que se podría llamar una defensa alternativa, que progresaba en el desarrollo y la justicia social. Es el objetor quien decide dónde enviar el dinero de su objeción.

Adoptar la postura de enfrentarse a Hacienda no ha de ser tarea, por más razones que se tengan, de cada persona por separado, por esto deben coordinarse todas las personas que ejerciten el derecho a decidir no pagar impuestos por armamento. Para ello es necesario que quien haga Objeción envíe una carta a la oficina de Objeción Fiscal más próxima con el nombre, la dirección, la cantidad objetada y la destinación escogida. En concreto:

--Llenar los impresos de la declaración hasta el epígrafe "Cuota líquida".

- Calcular el impuesto de la objeción fiscal e incluirlo en alguna de las casillas posteriores de retenciones (normalmente se utiliza la de "Pagos fraccionados por actividades empresariales") recortando el texto y escribiendo "Para objeción fiscal".

- Adjuntar comprobante por objeción fiscal en caso de haber realizado el ingreso en la entidad escogida.

- Escribir una carta-instancia al delegado/a de Hacienda de la Provincia donde se explique que se ha hecho objeción y a la vez que se solicita que en los próximos años este apartado figure en los impresos para poder realizar la objeción.

- Enviar los datos al centro coordinador.

El problema legal

Cuando Hacienda nos diga que no acepta nuestra objeción, nuestra respuesta puede ser aceptarlo sin más y pagar lo que se nos pide (sería como renunciar a la objeción) o recurrir ante la Delegación de Hacienda primero, y después, si deniegan el primer recurso, ante el Tribunal Económico Administrativo Provincial (al cual se puede recurrir directamente sin pasar por el primero).

Si la respuesta del Tribunal es negativa, se cierra la vía administrativa y se abre la judicial. Es imprescindible que el objetor se ponga en contacto con un grupo de objeción fiscal, que explicará las posibilidades y la estrategia más adecuada según las circunstancias de cada caso.

Cristianisme i Justícia, a los diversos Secretariados de Justicia y Paz de España o al Servicio de Información de la Objeción Fiscal, Rivadeneyra, 6, 10, 08002 Barcelona - Tel. (93) 317 61 77, fax: (93) 412 53 84.

14. INSUMISIÓN "DE CONCIENCIA

" 1991 fue el año de la guerra del Golfo. En el 92 acabó de estallar la guerra de Yugoslavia. En el 93 asistimos por televisión a la guerra de Somalia. En el 94 a la de Ruanda, en el 95 Chetchenia... Tras la caída del comunismo, el desarme nuclear y el triunfo de la libertad, resulta que la década de los 90 nos está acompañando con una guerra por año.

Cuando la guerra de Ruanda, una de las religiosas que hubieron de escapar de aquel país declaraba en la prensa que allí "se conformaría con unos cuantos guantes desechables" para poder atender las heridas de los miles de enfermos de SIDA: "como no vamos a dejarlos sin asistir los curamos con las manos desnudas", con riesgo de contagio ( El Mundo, 17 abril 1994, Suplemento "7 días" p. 1). Esta precariedad contrasta con las imágenes ofrecidas por TV en las que aparecían los miembros de las diversas etnias armados con fusiles, metralletas y carros de combate. Es irracional ver esas armas en manos de quienes ni siquera tienen unos guantes de goma para curar las heridas. Pero esta irracionalidad tiene una lógica "económica" que ha estado presente en todas las guerras de esta década: al producirse el desarme nuclear, fondos cuantiosos que se apartaban de la investigación logística no han ido a parar a usos pacíficos, sino a la fabricación (y consiguientemente al aumento de la venta) de armas convencionales. Las armas "convencionales" se revelan así más dañinas que las atómicas porque éstas eran una amenaza también para nosotros, y aquellas sólo son amenaza para los otros. La irracionalidad es de tal calibre que, por ejemplo en nuestro país, buena parte de los Fondos de Ayuda al Desarrollo que reparte el gobierno, van destinados... a que nos compren armas los países que los reciben.

Añádase a todo esto la necesidad de hacer desaparecer las minas, que comentamos en capítulo siguiente: cada año se producen -y comercializan- de 5 a 10 millones de minas.

Esta pavorosa y cruel irracionalidad se suma a la frecuente exaltación (o justificación) de la violencia en la mayoría de productos televisivos (norteamericanos sobre todo), la cual tampoco es ajena a nuestra estructura económica. Es cierto que a veces un mínimo de violencia puede ser necesario para defensa propia o de los derechos de los débiles. Sin embargo toda esta es una violencia contra los débiles. Imaginemos que cada una de las autonomías o de las provincias españolas tuviera su propio ejército: además del derroche que esto supondría en el presupuesto nacional, estaríamos constantemente destrozándonos en guerras (de Madrid contra Barcelona, o de la Vall d'Arán contra Barcelona, o de Vizcaya contra Guipúzcoa, etc.). Pues bien: una irracionalidad semejante es la que tiene lugar a nivel mundial, desde que el mundo se ha convertido en una "aldea global". Todavía estamos a años-luz, pero es ya muy urgente que todas las posibilidades bélicas queden reservadas a la autoridad mundial de las Naciones Unidas (lo que implicará una profunda reforma de su estructura para que no sean juguete de los países poderosos), de manera que lleguen a desaparecer todos los ejércitos, salvo el de la ONU. Sin esto, que no nos hablen de "aldea global".

En este contexto de degradación ha nacido la insumisión

El insumiso quiere ir más adelante "tirando de la sociedad" de manera no violenta hacia la opción por la paz. Por ello se niega no sólo al servicio militar sino a la prestación sustitutoria: no por ganas de ahorrarse un servicio social, sino porque considera que esa prestación sustitutoria acaba confirmando la legitimidad del militarismo. Éste es el contexto indispensable para entender -y apoyar- el fenómeno de la insumisión.

Aunque bastantes hayan podido abusar de la insumisión, y desacreditarla así, facilitando el que otros no la comprendan, ésta no es necesariamente un acto de insolidaridad con la sociedad, ni de rebeldía adolescente. Puede ser de una radicalidad limpiamente evangélica cuando el insumiso es de veras un insumiso "de conciencia". Este insumiso asume, en el fondo de su conciencia, que su "prestación social" a la comunidad, sea precisamente la cárcel ((Este capítulo se redactó antes de la aprobación del nuevo Código penal, donde la pena de cárcel se substituye por 10 años de inhabilitación. Si en ello se puede ver un reconocimiento tácito de la ética de la insubmisión, no cambia las razones de fondo que expone el capítulo.)). Podrá ocurrir que escape de ésta por decisión particular de un juez (o porque la solidaridad de muchos acaba asustando a los poderes públicos que siempre temen la alarma). Pero él sabe que tiene la ley en contra y asume el castigo legal porque profesa que "es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hchs 4,19) o que la conciencia es el ámbito más sagrado de la persona. Esta forma de prestación es muy dura pero se la elige como la única que puede sacudir y hacer pensar a esta sociedad dormida.

El insumiso tampoco es un soñador utópico sino un realista que percibe mucho mejor que nosotros la gravedad de nuestra situación. Lo que diferenciaba a Oskar Schindler del resto de la sociedad alemana no fue que era un soñador, sino que era mucho más consciente de la maldad del sistema y de la imposibilidad de acabar rápidamente con él; pero no por eso se creyó dispensado de hacer lo que estaba en su mano, como un pequeño anillo para transmitir la cadena de la paz hasta el futuro.

El insumiso tampoco es un rebelde arbitrario. Hace años -y entonces con gran mérito y riesgo, y desacreditados por las voces oficiales- aparecieron los objetores de conciencia. Quizá sea bueno evocar nombres como el de José Luis Beunza y otros, cuyos años de cárcel acabaron fructificando en el reconocimiento legal de la objeción de conciencia. Hoy la objeción de conciencia quizá se ha banalizado como una forma "cómoda" de hacer la mili que, no obstante y debido a su multiplicación, ha obtenido éxitos inesperados, como el reciente decreto-ley que racionaliza el servicio militar. Pero el insumiso no apunta solamente a una racionalización de la mili, o a una protección de su conciencia personal. Aspira a un profundo cambio de todo el sistema que lleve a la desaparición de los ejércitos (no a su mera profesionalización): su batalla puede parecerse a la de David contra Goliat; pero sólo si la humanidad vence esa batalla tiene garantizada su supervivencia como género humano. Ante la gravedad de la amenaza y lo irresponsable de nuestra pasividad, el insumiso se siente obligado a hacer lo poco que está en sus manos, por inútil y arriesgado que parezca.

Nosotros podemos ayudar a los insumisos: para empezar, con el boicot a todo espectáculo que glorifique, justifique o exhiba obscenamente la violencia. Además por medio de la objeción fiscal, de la que se habla en otras páginas de este Cuaderno (pensemos lo que ocurriría en nuestro país si, al menos, todos los cristianos que pueden, hicieran objeción fiscal).

15. CUANTAS MAS ARMAS... MENOS SEGUROS

Es innegable que la seguridad es una necesidad humana básica. El ser humano necesita seguridad. "La seguridad - se dice- exige capacidad de defensa. La defensa la realizan los ejércitos. Los ejércitos son fuerzas armadas. Cuántas más y mejores armas posean más garantizada está nuestra defensa y nuestra seguridad. La seguridad se basa en la cantidad y calidad de las armas". Así se reduce la seguridad a un componente militar y, justificadas las armas para la defensa, comienza la carrera de armamentos, el armamentismo, el gran negocio de la industria y del comercio de armas.

Después de la euforia del final de la Guerra Fría, la ONU ha constatado el fracaso de esta mentalidad armamentista: mientras que países de todo el mundo gastan miles de millones de dólares en armamentos para asegurar su territorio, la seguridad de las personas y pueblos se deteriora. El Informe 1994 del PNUD calcula que en los países en desarrollo el riesgo de morir como consecuencia del abandono social (desnutrición y enfermedades fácilmente prevenibles) es 33 veces superior a la posibilidad de ser matados como consecuencia de una agresión exterior. Por eso el Informe considera como gran reto para el siglo XXI superar el concepto estrecho de seguridad territorial y militar y hacer nuestro el nuevo concepto de seguridad humana.

Que el armamentismo era una falsa traducción de la necesidad de seguridad, se puede comprobar al ver sus consecuencias. Esquemáticamente podemos hablar de un impacto cultural, un impacto social y un impacto bélico.

1. Impacto cultural

Tras la estrategia armamentista se consolida una cultura armada que produce un profundo deterioro psicológico y ético. Psicológico, porque su clave es el equilibrio del terror. Esta atmósfera es poco propicia para el bienestar psicológico y no ataca las causas de los conflictos. ¿Puede ser el miedo camino hacia la paz? ¿No debería ser la pregunta más bien: cómo puedo quitarle el miedo al otro que tiene tanto miedo de mí como yo de él? Aparece la psicosis poco sana de que nunca se está suficientemente seguro. Y deterioro ético, porque en lugar de la ética de la solidaridad capaz de realizar la comunidad, emerge una ética maniquea. Es bueno todo lo que daña al adversario y malo todo lo que le aprovecha.

2. Impacto social

Ya hace treinta años dijo el Vaticano II: "La carrera de armamentos es la plaga más grave de la humanidad y perjudica a los pobres de manera intolerable" (GS 81). Juan Pablo II (29 junio 1995) denunció la responsabilidad de los países vendedores de armas porque "colocan a esos países (pobres) en una situación de superendeudamiento, en lugar de ayudarles a utilizar sus recursos propios y las ayudas internacionales para la promoción de las personas". El Presidente Eisenhower, muy lúcido al final de su vida, decía: "Cada arma de fuego que se fabrica, cada navío de guerra que se bota, cada misil que se lanza, significa en último término un robo contra quienes padecen hambre y a los que no damos de comer, contra quienes padecen frío y a los que no damos con qué vestirse. Este mundo en armas no solamente está gastando dinero; también está gastando el sudor de sus obreros, el genio de sus científicos y las esperanzas de sus hijos".

La fabricación y almacenamiento de armas ha producido ya de hecho tantas víctimas como su hipotético uso, al detraer para gastos militares recursos financieros, técnicos y humanos que serían necesarios para el desarrollo social de los pueblos. Es absurdo tener que morir (de hambre, de enfermedad prevenible, etc.) para liberar recursos que supuestamente evitan que nos maten. Los mayores retos para la seguridad no son militares.

3. Impacto bélico

La industria y comercio de armamentos ha llegado a convertirse en uno de los negocios más pingües de este siglo. Primero se justifica éticamente la fabricación de armas por la legítima defensa, pero una vez creada la industria se rige por la lógica capitalista de la obtención del máximo beneficio a través de nuevos mercados. Los mercados para esta industria son evidentemente las guerras, fuera de las propias fronteras. Así se han ido incrementando las guerras periféricas. Johan Galtung ha demostrado documentalmente, analizando las confrontaciones desde 1820, la relación entre acumulación de armamentos y guerra. Y las organizaciones humanitarias que han acudido a prestar ayuda recientemente en otros enfrentamientos han quedado sorprendidas por la impresionante venta de armas (muchas veces de su propio país) que había precedido a la guerra. La gran paradoja es que no sólo hay inversiones militares que impiden la ayuda al desarrollo, sino que muchas veces los fondos de ayuda al desarrollo son utilizados para financiar transacciones de armas.

La Biblia presenta como voluntad de Dios el "convertir las lanzas en arados" (Is 2,4). ¿Podemos hacer algo en esta situación tan diabólica?

a) No simplificar

Dada la importancia de la seguridad, el tema del armamentismo no permite la simplificación y nos exige un esfuerzo de información y reflexión. Existe un debate pendiente sobre la seguridad, debate complejo y difícil. Un meritorio pacifismo desapareció tras perder el referéndum de la OTAN, por haberse centrado demasiado en él; y al revés: un generoso movimiento para el 0,7% acertó a tiempo a superar una reivindicación puramente cuantitativa proponiendo además un cambio cualitativo en la orientación de la ayuda al desarrollo. Por ello hay que evitar centrar el tema del militarismo exclusivamente en el apoyo a objetores o insumisos, por más que hayan tenido el mérito de remover la opinión pública. Además hay que debatir qué seguridad queremos, y si hemos conocido alguna guerra concreta razonable. Dicho esto, podemos elegir algún tema concreto que asumir para nuestra acción. Proponemos tres campañas en curso que podemos apoyar.

b) Ensayos nucleares no, gracias

El fin de la Guerra Fría nos ha hecho bajar ingenuamente la guardia ante el peligro de los ingenios nucleares. En la Conferencia para la Extensión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que tuvo lugar en Nueva York en mayo de 1995 se decidió la prórroga indefinida del Tratado. Hubo una agria polémica entre las potencias occidentales y los países en desarrollo, porque pensaban éstos que daban un cheque en blanco a los grandes sin posibilidad de presionarles. Por eso, en la prórroga indefinida del Tratado, los países no nucleares se comprometieron a no cambiar su situación, pero las potencias nucleares adquirieron el compromiso de caminar hacia la desnuclearización total. Pues bien, es un cruel cinismo que, al mes de arrancada la firma, Francia anuncie la reanudación de ensayos nucleares en el Pacífico. Como símbolo, es un desprecio a los países no nucleares. Y su importancia práctica es enorme: los ensayos nucleares son la clave para avanzar o retroceder en la desnuclearización. Es más importante protestar contra los ensayos nucleares y conseguir su prohibición, que gastar la pólvora contra las armas nucleares.

Para protestar contra los ensayos nucleares, escribe a la Embajada de Francia (Salustiano Olázaga 9, 28001 Madrid) respetuosa pero enérgicamente. Y apoya a Greenpeace en su campaña (Rodríguez de San Pedro 58, 28015 Madrid, tel: 543 99 00 / Pelai, 32, 08001 Barcelona, tel: 318 77 49). Además de preguntarte si merece tu voto un político que se las da izquierdas, y califica estas protestas como "reaciones emocionales".

c) Hay que prohibir las minas

Existen más de 200 millones de minas antipersonales en el mundo y 110 millones están ya plantadas y listas para explotar. Las minas están pensadas para masacrar a la persona sin matarla (porque está probado que desanima mucho más un compañero mutilado brutalmente que muerto). Van sembrando el planeta (Yugoslavia, Camboya, Afganistán, varios países africanos...) y sus amenazas son casi perpetuas porque, mientras cada mina vale unos tres dólares, su neutralización cuesta casi 1000 dólares y un promedio de una víctima por cada 5000 minas neutralizadas. Constituyen una auténtica pesadilla, porque permanecen activas muchos años después de acabado el conflicto. Siguen produciendo cerca de 1400 muertos y 800 mutilados al mes. Los países que han alcanzado dolorosamente la paz ven cómo los refugiados no pueden regresar sin grave peligro, cómo es muy difícil reconstruir las vías de comunicación, la industria y la agricultura, cómo se hace imposible hasta convocar elecciones democráticas. El 50% de los muertos y de los mutilados son niños. Son muy pequeñas, sí. Pero tan crueles, indiscriminadas y duraderas que el Secretariado General de Naciones Unidas ha pedido que se les declare "armas de destrucción masiva" (como las nucleares, químicas y bacteriológicas) y que se las prohiba.

Ocho ONG en España han comenzado una campaña para que nuestro país prohiba la fabricación y exportación de minas antipersonales, y para que la opinión pública presione intentando conseguir la prohibición total de las minas en el mundo. Ponte en contacto con cualquiera: Servicio Jesuita al Refugiado, Intermón, Greenpeace, Unicef, Médicos sin Fronteras, Acadica, Manos Unidas o Cear.

d) Algunos secretos matan

Muchas organizaciones humanitarias han topado con un comercio de armas muy activo y descontrolado. Pero ¿cómo puede existir control sobre el negocio de las armas si está rodeado de un gran secretismo? España no es ajena al comercio de armas; y no existe ni transparencia ni control parlamentario. Las actas de la Junta Interministerial que se ocupa de aprobar las exportaciones de armas son secretas. ¿Podemos en una democracia sentirnos excluidos de un tema en el que España adquiere una responsabilidad moral tan seria?

Si te parece injusto que se te oculte algo tan importante, ponte en contacto con: Amnistía Internacional (Gran Vía 6, 28013 Madrid, tel.: 531 25 09), Greenpeace (ver supra) y Médicos sin Fronteras (Nou de la Rambla 26, 08001 Barcelona. tel.: 304 61 00).

Eso sí, seamos coherentes. Al mismo tiempo que nos enrolamos en alguna acción directa contra el armamentismo, hagamos autocrítica y veamos si nuestra vida cotidiana no está también "armada": la familia, el trabajo, el tráfico, nuestras diversiones y espectáculos, el deporte...

CONCLUSIÓN

Los capítulos anteriores no son leyes o normas, sino caminos. Cada cual ha de saber abrirse al Espíritu para encontrar la voluntad de Dios sobre él. Procurando no mirar los malos ejemplos de otro como excusa, sino más bien los buenos como estímulo. Con todo, quizá convenga una triple aclaración antes de concluir.

Este Cuaderno va dirigido expresamente a los cristianos. No porque pretenda excluir a mucha gente de buena voluntad, que aventaja a los cristianos en amor a la justicia y solidaridad. Sino porque cree que a los cristianos hay que exigirles más, y en primer lugar. Pero cuantas más gentes amparasen este tipo de prácticas más posible sería una sociedad alternativa: justa, fraterna y libre.

Muchas de las prácticas sugeridas no son exclusivamente individuales, lo cual es lógico en todo impulso del Espíritu. Todas las diversas agrupaciones de creyentes (comunidades, movimientos, grupos de matrimonios, de jóvenes, parroquiales etc.) habrían de proponerse una elección conjunta de prácticas como las que aquí se sugieren o de otras afines.

Santo Tomás escribió que "por el pecado original han quedado infectadas muchas zonas del alma" (I.II, 82, 2, ad 1). Una de esas zonas minusválidas del alma humana es hoy nuestro sentido social. Pero éste tampoco puede ser recuperado por decreto ni a la fuerza. Exige lo que hoy suele calificarse de "ejercicios de rehabilitación" o de fisioterapia espiritual. Es sabido que tales ejercicios se recomienda practicarlos mientras no se sienta demasiado dolor en la zona afectada, porque ello podría ser peligroso. Es más importante la constancia esforzándose pero sin forzar. Una consideración semejante podría valer para las prácticas que aquí se sugieren.

Y queda todavía una larga lista de otras sugerencias que quizá algún día continuaremos:

- Visitar cárceles (y quizá recibir algún fin de semana en casa a un preso de régimen abierto cuyo domicilio está lejos de nuestra ciudad).

- Ser generosos con el propio cuerpo (donar sangre o algunos órganos -riñones, médula osea... -y donarlo luego de morir para trasplantes o autopsias.

- Dedicar uno o dos años de la propia vida a algún servicio en el Tercer Mundo, cuando esto nos sea posible.

-No rehuir la información alegando que para qué, si no podemos hacer nada...

- Sumarse a las campañas de Amnistía Internacional e instituciones similares cuando proponen protestas masivas (p.e. escribiendo cartas) contra injusticias concretas de todo el mundo.

- Pasear a menudo y detenidamente por barrios depauperados de la propia ciudad. Y, ojalá, encontremos alguna institución donde poder ofrecer algunas horas de voluntariado social.

- Conectar con las demandas de colaboración que hace Cáritas, Intermón, Setem, Médicos sin fronteras, etc.

- Especial atención a los ancianos, visitar la soledad de tantos, perder horas.

- Hay muchas cooperativas de autoocupación creadas por antiguos parados. No les es fácil al principio salir adelante. Procurar ser clientes.

- Comprar el periódico La Farola (que venden por las calles personas con dificultades de marginación social) leerlo... y dejarse impactar..., y si es posible conversar ni que sea un momento con el vendedor.

- Ofrecerse al asistente social de la parroquia aunque sea para pequeñas tareas sociales: visitas a domicilios, acompañar para hacer gestiones burocráticas...

- Etc. etc. Si se lee este Cuaderno en grupo sería bueno que hiciésemos surgir la creatividad y ampliar la lista de manera personal... Y escoger del gran listado algunos pequeños gestos y realizarlos.